De mi falda al mundo, del mundo a mi falda. Se llenó de flujo y de lágrimas. 

De mi falda al mundo, una india nativa me acompaña…

Un día antes del segundo encuentro que celebramos con Luchy López dentro de este ciclo “A corazón abierto” en Barcelona, me llamó una mujer interesada en asistir al taller. Me preguntó, por qué es tan importante la falda en este trabajo? “te conecta con la energía telúrica” dije de corrido como si me hubiera estudiado el folleto explicativo del taller. Pero me sabió a poco mi respuesta.

La noche anterior a estos encuentros, desenfundar mi falda enorme y morada del armario, doblarla cuidadosamente y prepararla en mi mochila, me provoca una gran emoción, como si fuera un objeto mágico, ritual, que sólo puede usarse en determinadas ocasiones especiales.

ACA bcn No sé cómo será para los otras; para mí llevarla mientras bailo me da una sensación de gran vulnerabilidad: por la entrada de sensaciones a raudales a través de la falda, todo puede permear a través de ella, que acoge en su tela toda la información que recibe y la traslada al cuerpo con su movimiento ondulante. Tiene algo de marea que atrae y lleva, que recoge y luego lanza al afuera.

Y también a la vez trae una gran sensación de fuerza y de conexión con lo primigenio. Me hace sentir poderosa, hermana y sanadora.  En este encuentro mi falda me hacía acordar esa historia que cuenta que el cielo es el manto azul de la virgen, y las estrellas agujeritos en su manto. Así era mi falda, tan enorme como el cielo. Si la hacía aletear era capaz de llevar el aire a todo el planeta, si la hacía ondular removía todas las aguas de la tierra y bañaba todos las fuentes y ríos. Bombeaba la sangre a la vida. Insuflaba coraje. Cuando la abría, más faldas a mi alrededor me unían en círculo a otras mujeres que nos acompañábamos ese día, mi falda era tan ancha y larga que incluso podía de pronto bailar con las mujeres del altiplano andino o del pacífico colombiano (mire usted, mi imaginario me lleva siempre para allá!) , sin tiempo ni espacio.

Con la falda fui todas las mujeres, hasta la última de las mujeres del fondo de los tiempos que mi memoria ancestral acierta a recordar.

Con la falda soy una mujer sin tiempo, tal vez con tiempos más propios.

Y ahí entrando en diálogo con lo que me llega y recibo del mundo y lo que entrego, mi falda va quedando marcada, como un testimonio, mapa del recorrido, por estas manchitas blancas de flujo que van señalando los hitos del camino. También la uso como paño, como usaba mi abuela el delantal para todo,  y me seco las lágrimas que resbalan mejillas abajo, a veces chorreando hasta mi falda, por que a veces la información que llega a través de la falda también es triste y es preciso llorarla.

¡Para todo esto sirve mi falda!.

Y luego a celebrarlo, en el círculo, con vino dulce y copa de celebración (qué hay más parecido a un útero?), para acoger -y acogerlo todo no es fácil, aseguro, pero sí un buen entrenamiento- agradecer y celebrar la vida. En esta celebración nació el principio de este escrito.

Aunque no os he contado nada de lo específico del taller, espero que esta experiencia con faldas y a lo loco sirva para acercaros   a este trabajo tan hermoso que propone Luchy.

Un gran abrazo, y alcemos las copas!

ACA Bcn