Sala TariqahLa semana pasada nos pusimos ya en movimiento, con las primeras sesiones de danza y armonización.

Sala nueva, caras nuevas, otras conocidas, grupos que están naciendo, y nosotros como parte del grupo también, nacientes.

Fue un reencuentro con la música, el cuerpo, la expresión, los miedos, la vitalidad. Y me incluyo por que para mí también era una vuelta a los grupos, después de mucho tiempo maternando. En la vuelta había reencuentro, alegría y también algo de miedo que se movía en mí, y en algunos y algunas seguramente.

Pero ahí estábamos, contactando con nuestros pies, rodillas, articulaciones, voz, respiración. Dándonos la bienvenida. Tomándonos las manos para formar el círculo con el que solemos empezar, para tomar conciencia del estado con el que llegamos a la clase, en el que estamos: los apoyos, la respiración, las tensiones/dolores que hay en el cuerpo, las emociones que están más presentes. Vamos tomando conciencia y aflojando también lo que no me sirve ahora para la clase, aflojando articulaciones, juicios, sobrecarga. Tomando contacto conmigo, con mi presencia. Sólo con eso, ahí ya se da una concientización que me sirve para trabajar, un material que puedo tomar durante el resto de la sesión para profundizar en él: ¿cómo llego? ¿en qué estoy? ¿con qué estoy en contacto?

Seguimos luego con la rueda de movimiento, en la que los participantes van siguiendo los movimientos que propongo cuando guio la sesión, y por imitación van moviéndose. Así se produce un masaje a todos los niveles a través del movimiento, y la inteligencia motriz actúa sin el filtro del enjuiciamiento o el “debería”, el “un, dos, tres”, la técnica… todo eso se deja a un lado y se trabaja más des de el hemisferio derecho. Desde el placer de moverse, el cuerpo se va vitalizando, voy entrando más en contacto con lo que me pasa a mí con aquello (fluyo en el movimiento?, o me tenso más?, aparece la emoción?, me juzgo?, me olvido de mí?) y con ese material vamos trabajando.

En estas primeras sesiones usamos el reconocimiento de los apoyos en el cuerpo, la toma de tierra; así como también trabajamos con la imitación de otras plásticas corporales, que me llevan a salir de lo que está más mecanizado en mí, y fijado en mi cuerpo, lo que me es más cómodo ya por costumbre. Para ello usamos pautas tan simples como trabajar en parejas o tríos y que vayan alternando el llevar o el imitar en el movimiento, el guiar y el ser guiados, para ir experimentando otras maneras de sentir el cuerpo y moverse por el mundo.dúo

También jugamos a explorar el movimiento por libre, según las necesidades de cada cual. Son espacios estupendos para poder llevar al movimiento eso que está emergiendo en mí, aquello con lo que estoy contactando en ese preciso instante, y poder darle cuerpo, lugar en mí, en el espacio interno del reconocimiento y en el espacio externo: en la sala, en mi cuerpo moviéndose por el espacio e imprimiendo su huella en él. El “darse cuenta” es casi automático, a veces resulta agradable, me libero de toda expectativa y juicio y voy poniendo toda mi vitalidad y expresión en el movimiento; y otras veces no tanto: me doy cuenta de alguna traba, de que me cuesta algo o  que siento vergüenza, que tengo miedo, en definitiva de que el contacto con algo me está desagradando. Pero de pronto, si me permito en ese espacio reconocer eso, poderlo sentir sin juzgarlo, poderlo traducir en una expresión en mi rostro, en todo mi cuerpo, e incluso moverme desde ahí, entonces, ahí empieza a transformarse eso que estoy viviendo, por el simple hecho de que puedo empezar a vivirlo en vez de taparlo o apartarlo, y empieza también todo un viaje de exploración que resulta más fácil hacerlo en la calidez del grupo, y más en la medida en que voy confiando en él, y me voy sintiendo seguro/a para llevar a cabo esa exploración.

En las sesiones hay momentos también de entrega al descanso, de armonizarnos a través de la respiración y de un cierto soltar todo para poder integrar el trabajo des de la quietud, a un nivel profundo y reparador.

Terminamos como hemos empezado, en círculo, sintiendo el apoyo en la planta de los pies, aterrizando en la respiración, aterrizando en mí y en el grupo, a veces moviéndonos un poco más para integrar todos los centros, sintiendo todo el recorrido hecho en clase, y a quién le apetece integrando también a través de una palabra. Para volver al cotidiano más nutridas, presentes, enraizados.

En la próxima sesión, más!

Horarios de las sesiones semanales