Nuestro cuerpo es la sede de toda nuestra historia personal, fijada en una plástica corporal que determina la manera en cómo respiramos, nos movemos, en definitiva, vamos por el mundo. A veces esta manera tan trillada, mecánica, de ir por el mundo, se nos queda pequeña, necesitamos más aire, expandir horizontes.

El movimiento y la danza son herramientas maravillosas que nos permiten un contacto directo con todos nuestros contenidos corporales: físicos, emocionales, y psíquicos. Movernos, danzar, pone en movimiento todas estas ideas, emociones, juicios, recuerdos, intuiciones, dolores, alegrías… que somos. Darles espacio y reconocimiento, campo para la expresión, con la vivencia directa del cuerpo en movimiento (des de un gesto simple a la configuración de toda una danza) abre la puerta a la sanación y la transformación.

Trabajamos con las herramientas de armonización y danza del Sistema Río Abierto, creado por Mª Adela Palcos hace 45 años en Argentina, e introducido en España por Graciela Figueroa, bailarina y terapeuta uruguaya, y directora de Río Abierto Catalunya, España y Uruguay.

La danza mueve y armoniza todos nuestros cuerpos (físico energético, emocional, mental, espiritual) o planos de manifestación de nuestro ser, desde los más físicos a los más sutiles. La íntima conexión de estos planos, -que se explica ya en la foramción de las capas embrionarias del mesodermo, endodermo y ectodermo- hace que cualquier cambio que yo experimente en uno de estos campos (motriz, emocional o psíquico) genere automáticamente cambios en los otros niveles. Así, un movimiento nuevo me permite sentir nuevas emociones, una nueva emoción abre mis pensamientos, un pensamiento creativo es capaz de mover mi cuerpo por un territorio distinto…

Con todo, no entendemos sólo la danza como un conjunto de técnicas, sino como una manera ancestral de expresión humana. El gran técnico bailarín Maurice Béjart ya decía que “el lugar de la danza se encuentra en las casas, en las calles, en la vida”.