Para mí lo increíblemente maravilloso y transformador del Movimiento Expresivo y en general del Trabajo Psicocorporal en el Sistema Río Abierto es  la capacidad inmensa que tiene de incluirnos a tod@s y al todo en cada uno y en cada una.

Eso significa que cuando como alumn@ llego al grupo de movimiento, mi cuerpo puede estar muy cansado y mi mente muy activa; o que puedo estar muy enérgica y directiva con mi enfoque en mi trabajo y a la vez sentir una gran vulnerabilidad por que no sé si voy a perderlo, o por que me discutí con alguien, o porque desde que dejé a mi hijo en la mañana en la escuela algo de mi niña interna se ha quedado encogido… y sin embargo algo en mí quiere saltar y gritar, otra parte necesita llorar y encogerse, o poner en palabras eso que siente… todo el circo de la vida queriendo pulsar en un mismo cuerpo que alberga tantos personajes! ¡Tanto orden y tanto caos! ¡Tantas voces! ¡Tanta inteligencias distintas! ¡Tantos placeres y dolores!

Y desde el placer del movimiento guiado, del arrope del grupo, voy pudiendo abrazarlo, abrazar también esa radio interna, ese “loro”: mi mente incansable que no para si no me doy cuenta de ella; y que va constantemente discriminando y juzgando cuáles partes mías está bien que estén, cuáles son aceptables y cuáles son inaceptables. Cuáles tienen permiso para ser y cuáles no. Y la vibración de la clase me va diciendo que sí, que todas son dignas de estar, sentirse y expresarse, moverse. A veces esas partes que No me permito tanto, se nos muestran a través de los dolorcitos físicos como una manera de decir “ey! estoy aquí, mírame! Escucháme”. Son una puerta, una invitación a incluir más de mí, más del todo en mí, una puerta hacia la unicidad. Si me permito sentirlo y respirarlo, tal vez desde lugares y apoyos en mi cuerpo que sienten más comfort, descubro algo de mí que no puedo escuchar y sin embargo viene a traerme tesoros de transformación y expansión. Voy danzando con todo.

Ocurre que con el movimiento, la respiración, me voy sintiendo más. Me voy descongelando y desacorazando. La vida empieza a fluir más, el río va abriendo caminos de vida en mi cuerpo, y mi Naturaleza va desplegándose porque olfatea, percibe que ahí en la clase el juicio está más apagado, que ahí puedo expresarme con todo, mi fuerza tiene lugar y mi ternura, sensibilidad también.

Todo danza

Los síes y los noes,  lo aceptado y lo prohibido, lo silenciado y lo que grito. Todo danza porque la aceptación de todo lo que Soy me permite danzarlo, me permite acogerlo y transformarlo si necesito. Darme cuenta. Deshechar y dejar partir lo que no. Dar un saltito más allá de lo que me cuesta, lo que me parece imposible. Encontrarme conmigo, con otros, con otras. Sentir la Unidad del somos Uno en el grupo. Me voy reconociendo en eso que me pasa y que nos pasa, y a la vez desidentificándome también, reconociéndome como un Ser más grande, más Enter@.

El movimiento, las músicas, las plásticas de otros compañeros, del coordinador/a,  y propuestas dinámicas me van acompañando a tocar distintos lugares de mí que me permiten desplegar todo ese abanico. A veces volcánico, a veces implosivo, que llevo acarreando durante todo el día, en la semana, en meses o tal vez toda una vida entera.

Mi cuerpo y mi alma se van dando cuenta cada vez más que es un lugar seguro para Ser. Que ahí puede descargar, dejarse sostener y regenerarse, tomar nueva energía; porque la aceptación es total. Porque para Ser necesito ir con todo, moverlo todo y expresarlo todo para poder encontrarme con un Yo más real, más entero, más armonizado, un YO SOY más esencial. “Para ser grande sé entero” (Pessoa/R. Reis)

Y después de todo este baile, a menudo caigo rendida, extasiada, respiro los espacios nuevos. Mi cuerpito mamífero emana calor, me agradece dejarle ser. Mi cuerpo emocional se siente sosegado, visto, acogido, comprendido. Mi cuerpito mental descansa, brillan nuevas ideas y comprensiones. Mi cuerpo espiritual se reconoce como la luz que es. Me integro, me armonizo, las partes sublimes y pequeñas pueden convivir, incluso cooperar en mí.

Y luego nos despedimos, nos vamos más en paz con nosotr@s, aún cuando hay días que tal vez nos parezca que no tanto, pero siempre algo de lo movido me transforma y se irradia luego en el día a día, en mi cotidiano.